Ciudad Sostenible

Por: Paco Ayala

¿Pueden ser las ciudades sostenibles? Desde hace ya varias décadas la polémica en torno a lo que esta pregunta inquiere se ha convertido en motivo de polémica de muchos especialistas en materia ambiental y, afortunadamente, cada vez más urbanistas, sociólogos, comunicadores y profesionistas de múltiples disciplinas se han ido involucrando en el tema. La respuesta no es sencilla porque estará influenciada por el paradigma con que se mire, por ello es necesario que nos atrevamos a romper muchas de las limitaciones que nos imponemos a nosotros mismos cuando hablamos de temas tan complejos como este, ya que es necesario que rompamos ciertas ataduras convencionales que limitan nuestro campo de acción cuando queremos buscar soluciones que, si nos basamos en los modelos tradicionales de desarrollo de las ciudades, serían impensables o tendríamos que quedarnos con la idea de que eso no puede suceder en estos momentos. Necesitamos abrir la mente a la transformación que se avecina y las ciudades son el gran escenario donde se presentarán múltiples obras que transformarán nuestras relaciones personales y colectivas, haciendo que miremos el espacio público, la organización social, el desarrollo económico y la administración pública desde una perspectiva que hoy en día apenas comenzamos a vislumbrar.

Bajo este orden de ideas, si vemos el problema a partir de la visión Cartesiana, la respuesta es definitivamente no, las ciudades bajo la forma de desarrollo y crecimiento no son sostenibles porque su nivel de entropía es sumamente elevado y su consumo de recursos es lineal, es decir, no son capaces de procesar sus residuos de manera circular.

En cambio, si miramos a través de los supuestos filosóficos que el paradigma sistémico sostiene, una ciudad puede bajar de manera significativa sus niveles de entropía, permitiendo que circule su desarrollo por medio de acciones que alienten el consumo colaborativo y distribuyan de mejor manera los flujos energéticos, posibilitando la reutilización de sus residuos sólidos, la revitalización de sus sistemas hídricos y permitiendo el manejo de sus suelos de manera tal que se logre un equilibrio entre la densidad de población existente y su nivel de desarrollo periférico.
Si nos enfocamos a construir políticas públicas que atiendan a la ciudad como un organismo interconectado capaz de procesar sus residuos localmente y producir parte de la energía que consume, vamos a generar una cultura de baja entropía y a disminuir de manera considerable la huella de carbono.

Richard Rogers en su libro titulado Cities for a Small Planet, elabora una breve guía de lo que una ciudad sostenible debe aspirar a ser. Lo interesante de su propuesta es que el peso que pone al fomento de valores y al desarrollo de una actitud positiva, son condiciones necesarias para que la sostenibilidad económica y urbana sea posible. Así, nos induce a construir una ciudad justa, donde cada ciudadano verdaderamente este involucrado en el desarrollo de su comunidad, permitiendo que el reparto de bienes y servicios se realice de manera equitativa, privilegiando un modo de distribución capaz de darle las mismas oportunidades de educación y desarrollo personal a todos sus individuos, además de que la importancia en el involucramiento en la cosa pública sea algo que se enseñe de manera sustantiva; también nos señala que debemos provocar una ciudad bella, donde cada habitante pueda apreciar y reconocer el valor arquitectónico, el arte y cada manifestación cultural que se desarrolle; por otra parte nos invita a que desarrollemos una ciudad creativa que permita el avance y la innovación constante; una ciudad ecológica, donde las políticas públicas se dirijan a fomentar redes sistémicas de desarrollo que tiendan a disminuir el impacto entrópico; también se requiere una ciudad que fomente el contacto, es decir, los encuentros entre personas, creando una convivencia capaz de producir diálogos y puentes de comunicación y entendimiento entre distintos grupos; una ciudad compacta y policéntrica, que defina muy bien su ámbito de crecimiento, permita el desarrollo de comunidades integradas y una densidad en equilibrio y, por último, una ciudad diversa, donde el respeto a la opinión de los otros siempre sea el camino que lleve a la creación de consensos.

Si analizamos bien cada una de estas condiciones, nos daremos cuenta de que efectivamente si queremos realmente cambiar nuestra caótica realidad urbana, tenemos que trabajar de manera significativa en transformar nuestra interrelación con la ciudad debiendo trabajar en nuestro desarrollo personal de la misma manera que lo hacemos con nuestro nivel de relación social.
Al final de cuentas, las ciudades son un reflejo de nosotros mismos, como diría Priandello, “los personajes de la obra urbana que queramos representar”, por lo tanto, si realmente queremos que una ciudad sea sostenible, tendremos que modificar nuestros valores y nuestras actitudes, nuestros niveles y hábitos de consumo y nuestras formas de movilidad; como ven, se requiere asumir sacrificios que en definitiva dejan muchos satisfactores personales cuando uno asume que con la participación consciente y convencida de cada uno, el cambio es posible.

Lecturas recomendadas:
Cities for Small Planets. Richard Rogers. Icon Editions, 1998.
Seis Personajes en Búsqueda de Autor. Luigi Pirandello. Losada, 2007

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