El Buen Ciudadano

Por: C Kyn Taniya (seudónimo)
Vecina de la Colonia Hipódromo.

No hace mucho tiempo escuché un relato fantástico. Pablo, el hijo de 6 años de mi amiga Laura, sorprendió a su madre un día al expresarle, en ese tonito de niño grande, que ya tenía claro lo que quería ser de grande; sería un Buen Ciudadano. Laura cuenta que al principio soltó la carcajada, pues el comentario fue absolutamente inesperado, pero pronto se recuperó al ver la cara de seriedad con la que la miraba Pablo. ¿Un Buen Ciudadano?, preguntó Laura, ¿qué hacen los Buenos Ciudadanos? Pablo tomó un poco de aire y continúo explicándole a su madre que en la escuela “la Mis” le había explicado a él y a sus compañeros que los ciudadanos eran hombres y mujeres muy poderosos (me supongo que se habrá visualizado con capa y espada). Que había Buenos Ciudadanos y Malos Ciudadanos. Los Buenos, por su parte, usan sus poderes para hacer bien a los demás; no tiran basura, no usan la violencia, no dicen groserías, respetan las cosas de los demás, usan casco al andar en bici, dicen buenos días y gracias, piden las cosas por favor, no hacen trampa, respetan las opiniones de los demás, no se burlan de los que son diferentes, cuidan a los animales, cruzan las calles por pasos de zebra y mirando con cuidado a que no “vengan” coches, recogen sus cosas, no gritan, y de vez en cuando se juntan para usar sus poderes para tratar de convencer a los Malos Ciudadanos de que el bien es lo que a todos les conviene. Los Malos, según le explicó Pablo, son los que no quieren jugar con los Buenos Ciudadanos y que hacen todo al revés. Es claro que estos Ciudadanos también se juntan, pero a diferencia de los Buenos, siguió explicando Pablo, ellos no quieren convencer, sino usan sus poderes para imponer y hacer trampa.

Wow, no supe qué decirle en ese momento a mi amiga. ¡Qué claro lo tenía Pablo!, y ¡Qué bien lo había explicado “la Mis”! Mi hijo tiene apenas 9 meses, pero en ese instante, tuve una necesidad imperiosa de preguntarle a Laura en qué escuela iba Pablo y quién era la maestra, para irlo a inscribir en ese preciso momento. Yo también quiero que mi hijo, al crecer, decida ser un Buen Ciudadano. La verdad no me importa qué profesión escoja o si de plano decida no tener una. Lo que verdaderamente me importa es que mi hijo sea un hombre de bien, con sus valores claros, listo para trabajar en equipo, actuando en libertad, pero respetando a los demás. Claro, debo estar consciente de que yo tendré que ser “la Mis” de ese pequeño y con mi ejemplo convencerlo para que escoja ser un Buen Ciudadano cuando sea grande.

La historia me dejó marcada, sin duda, pero la he recordado recientemente, ahora que en mi colonia se discute si es bueno o no colocar parquímetros en la calle y se invita a los vecinos a discutir como Buenos Ciudadanos, la conveniencia o no de dicha acción. Debo decir que tengo mis reservas al respecto, pero sólo porque creo que los males que busca atender esta loable acción, pudieron haberse atacado desde hace muchísimo tiempo si las autoridades hubieron hecho su trabajo. Los diputados de esta ciudad cobran un montonal de dinero para elaborar y aprobar leyes que nunca se implementan. Las autoridades encargadas de implementarlas también cobran un montonal de dinero y por razones que no son necesariamente obvias para mí, han decidido no actuar. Antes de los parquímetros, existía la Ley de Cultura Cívica del DF, las normativas que exigen a los establecimientos mercantiles tener estacionamiento para sus clientes, la Ley Ambiental, la Ley de Desarrollo Metropolitano, la Ley de Desarrollo Urbano, la Ley de Establecimientos Mercantiles, la Ley de la Procuraduría Social, la Ley de Participación Ciudadana, la Ley del Instituto de Verificación Administrativa, la Ley del Sistema de Protección Civil, la Ley para la Celebración de Espectáculos Públicos, la Ley para la Integración al Desarrollo de las Personas con Discapacidad, la Ley para Prevenir y Eliminar la Discriminación y un largo etc. Muchos Malos Ciudadanos han aprovechado la no aplicabilidad de estas normas para hacer trampa, como bien diría el pequeño Pablo. Esto ha generado que los Buenos Ciudadanos hayamos intentado convencerlos en actuar correctamente, pero creo que hemos perdido la batalla y por eso necesitamos acciones burdas, pero tal vez efectivas como éstas para resolver la disputa sobre algo que nos pertenece a todos: la calle.

Nos sé si lo logremos, pero debemos intentarlo. Como sé que hay muchos Buenos Ciudadanos en mi colonia, los invito a participar en la consulta sobre parquímetros el próximo domingo 20 de enero. Hagámoslo en armonía y respetando a quienes tienen una opinión distinta de la nuestra. Ahí nos vemos y sigamos formando futuros Buenos Ciudadanos para que peleen las siguientes batallas.

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